México avanza hacia un sistema de salud integrado

México avanza hacia un sistema de salud integrado

La transformación digital en salud suele anunciarse en forma de hitos tecnológicos: nuevas plataformas, sistemas, credenciales o aplicaciones. 

Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la tecnología, por sí sola, no transforma los sistemas de salud. Lo que verdaderamente lo hace es la alineación entre decisiones operativas, marcos regulatorios claros y una visión de largo plazo centrada en las personas.

En sintonía con esta perspectiva, en México están sucediendo novedades alentadoras:

  • La puesta en marcha de la Credencial Única de Salud.
  • La reforma a la Ley General de Salud.

No se trata de hechos aislados ni meramente administrativos. Son señales de un intento —ambicioso y necesario— por ordenar un sistema históricamente fragmentado, donde la información, los servicios y los recorridos de atención no siempre estuvieron conectados entre sí.

Por primera vez en muchos años, México avanza en dos frentes de manera simultánea, hacia un sistema de salud integrado:

  • La organización concreta del acceso y la información clínica.
  • La construcción de un marco normativo que reconozca a la salud digital como un pilar del sistema, y no como un complemento opcional.

Esta convergencia no garantiza el éxito, pero sí crea una oportunidad poco frecuente: pasar de la digitalización de iniciativas puntuales a una transformación estructural del modelo de atención

La pregunta ya no es si la tecnología puede ayudar, sino cómo se la diseña, gobierna y sostiene para que realmente mejore la experiencia y los resultados en salud.

Credencial Única de Salud: ordenar la puerta de entrada al sistema sanitario 

El anuncio realizado por la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sobre el inicio de la Credencial Única de Salud pone el foco en un problema tan básico como crítico: la fragmentación del acceso.

La credencial busca resolver tres cuestiones centrales:

  • Asignación clara de unidad de atención, según el lugar de residencia de cada persona.
  • Acceso a un expediente médico, consultable desde distintas unidades del sistema.
  • Continuidad asistencial, evitando que la atención dependa exclusivamente de la institución de origen.

Aunque el anuncio podría interpretarse como una medida operativa, su impacto potencial es mucho más profundo. La credencial no es solo una tarjeta o un registro: es la llave de entrada a un modelo de información clínica compartida, donde los datos acompañan a la persona a lo largo de su recorrido por el sistema de salud.

La implementación está prevista de forma gradual:

  • Inicio de la credencialización: febrero–marzo de 2026
  • Despliegue progresivo del servicio universal: 2027 a 2030

La credencial es el punto de partida. El verdadero desafío comienza después, con la consolidación de un sistema de salud integrado.

Reforma a la Ley General de Salud: un marco regulatorio necesario 

El segundo hito, refiere al Decreto que reforma la Ley General de Salud, en vigor desde el 16 de enero de 2026 en México, el cual incorpora un capítulo específico dedicado a la Salud Digital.

Este cambio normativo produce tres efectos clave:

  1. Define el alcance de la salud digital, incluyendo telesalud, uso de TIC y análisis de datos en servicios de salud.
  2. Establece objetivos estratégicos claros: accesibilidad, cobertura, eficiencia, continuidad de la atención, calidad y uso inteligente de datos.
  3. Asigna responsabilidades concretas a la Secretaría de Salud para asesorar técnicamente a las instituciones e impulsar la formación continua del personal de salud en herramientas digitales. También para desarrollar guías, protocolos y estándares de seguridad que permitan proteger la confidencialidad y los datos personales.

En otras palabras, la digitalización deja de depender solo de iniciativas aisladas y pasa a formar parte del diseño formal de un sistema de salud integrado.

Gestores intentando superar desafíos operativos y resistencias al cambio en el sector asegurador de la salud en México con Suite Conexia

Cuando la operación y la regulación se encuentran

Uno de los principales déficits de los procesos de transformación digital en salud ha sido, históricamente, la falta de sincronía entre lo que se implementa en la práctica y lo que habilita el marco legal. 

Muchas iniciativas fracasan no por problemas tecnológicos, sino porque operan en zonas grises normativas, sin reglas claras sobre interoperabilidad, seguridad, responsabilidades o uso de datos.

En este caso, la Credencial Única de Salud representa una decisión profundamente operativa: 

  • Ordenar la puerta de entrada al sistema.
  • Definir recorridos.
  • Habilitar el acceso a información clínica desde distintas unidades.
  • Reducir la dependencia de la institución de origen. 

Es, en esencia, una respuesta concreta a problemas cotidianos que afectan a millones de personas.

La reforma a la Ley General de Salud, en paralelo, aporta lo que durante años estuvo ausente: un marco legal que legitima, regula y orienta el uso de tecnologías digitales en salud. Define alcances, objetivos estratégicos y responsabilidades institucionales, y establece condiciones mínimas para la protección de datos, la capacitación del personal y la estandarización de prácticas.

El valor real surge cuando ambas dimensiones se encuentran:

  • La credencial necesita interoperabilidad, estándares, seguridad de la información y gobernanza de datos.
  • La ley crea las condiciones para que eso sea posible de forma sostenible y escalable.

Esta convergencia reduce el riesgo de soluciones fragmentadas, sistemas cerrados o iniciativas que dependen exclusivamente de voluntades políticas coyunturales. 

En lugar de parches, habilita la construcción de infraestructura digital como política pública, con reglas, responsabilidades y objetivos claros. Se trata de un importante paso hacia un sistema de salud integrado.

Los desafíos que vienen (y no son menores)

Si bien el punto de partida es prometedor, el tramo más complejo recién comienza. La implementación efectiva de estas iniciativas enfrentará desafíos estructurales que no pueden subestimarse.

Uno de los principales será la interoperabilidad real. No alcanza con que la información exista: debe poder circular entre instituciones, niveles de atención y jurisdicciones, con estándares comunes y sin perder calidad ni contexto clínico. Esto implica decisiones técnicas, pero también acuerdos políticos y organizacionales.

Otro desafío central es la gobernanza de los datos de salud. Definir quién accede a la información, con qué fines, bajo qué condiciones y con qué mecanismos de control será clave para generar confianza, tanto en los equipos de salud como en la ciudadanía. Sin confianza, no hay adopción. Y sin adopción, la transformación queda en el papel.

La adopción por parte del personal de salud es otro punto crítico. La digitalización no puede percibirse como una carga administrativa adicional. Requiere capacitación continua, rediseño de procesos y, sobre todo, herramientas que aporten valor real en la práctica clínica diaria.

También será determinante la experiencia de las personas usuarias. La credencial y los sistemas asociados deben traducirse en menos trámites, menos repeticiones, mayor continuidad de la atención y tiempos de respuesta más eficientes. Si la digitalización no mejora la experiencia percibida, su legitimidad social se debilita rápidamente.

Por último, está el desafío de la sostenibilidad en el tiempo. La transformación digital en salud no es un proyecto con fecha de cierre, sino un proceso continuo que requiere inversión, evaluación, ajustes y aprendizaje permanente a lo largo de los años.

Una oportunidad histórica

México está dando señales claras de madurez en su estrategia de transformación sanitaria.

No se trata solo de digitalizar procesos, sino de reordenar el sistema desde la información, con reglas claras y una visión de largo plazo.

La Credencial Única de Salud y la reforma legal no garantizan, por sí solas, un mejor sistema. Pero crean algo indispensable: las condiciones para que el sistema de salud integrado sea posible.

El desafío ahora es sostener la visión, aprender en el camino y, sobre todo, mantener el foco donde debería estar siempre: en las personas que usan —y necesitan— el sistema de salud.

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