Por: Luis Navas, CEO de Conexia.
Hace dos semanas participé en HIMSS Global Health Conference & Exhibition 2026 en Las Vegas, uno de los espacios donde tradicionalmente se anticipan las principales tendencias del sector salud a nivel global.
Más allá de las tecnologías presentadas o los casos compartidos, lo más relevante de esta edición no estuvo en lo que se mostró, sino en cómo cambió la conversación.
Durante años, HIMSS fue el lugar donde se discutía cómo digitalizar el sistema de salud. En esta edición, esa discusión dejó de ocupar el centro. No porque haya perdido relevancia, sino porque, en gran medida, ya ocurrió.

De la adopción tecnológica a la complejidad operativa
Durante décadas, las finanzas de las aseguradoras de salud estuvieron fuertemente condicionadas por diversos factores La mayoría de las organizaciones ya ha avanzado en digitalización y hoy convive con múltiples sistemas, plataformas e integraciones parciales. Sin embargo, ese avance no necesariamente se tradujo en una mejora proporcional en la operación.
Por el contrario, en muchos casos lo que se observa es un incremento en la complejidad: hay más información disponible, pero menos integrada; más puntos de control, pero también más fricción en los procesos.
En Conexia vemos este patrón de forma recurrente en distintos mercados de la región, especialmente en organizaciones que han invertido en tecnología, pero que siguen enfrentando dificultades en procesos críticos como autorizaciones, facturación o auditoría. Esto plantea una paradoja que empieza a ser estructural: sistemas más digitalizados no implican, necesariamente, operaciones más eficientes.
La inteligencia artificial y su límite real
En este contexto, la conversación sobre inteligencia artificial también adquiere otro matiz.
Sigue siendo un eje central, pero ya no desde la promesa, sino desde su aplicación concreta en procesos específicos. Sin embargo, empieza a quedar claro un límite que antes no se explicitaba con tanta claridad: la inteligencia artificial no corrige procesos mal diseñados, y cuando se implementa sobre flujos fragmentados o datos inconsistentes, tiende a amplificar esos problemas en lugar de resolverlos.
Por eso, el valor no está en la herramienta en sí, sino en cómo se integra dentro de procesos trazables, auditables y conectados. De hecho, uno de los consensos que emergió en el evento es que la transformación digital en salud hoy depende menos de la tecnología aislada y más de la capacidad de integrar datos, procesos y decisiones de manera coherente .

Interoperabilidad: del discurso técnico al impacto operativo
Algo similar ocurre con la interoperabilidad.
Durante años, el foco estuvo puesto en la capacidad técnica de conectar sistemas. Hoy, la discusión empieza a desplazarse hacia su impacto real en la operación, es decir, en la capacidad de que esa conexión tenga consecuencias concretas en los procesos.
No se trata únicamente de que los sistemas intercambien información, sino de que esa información permita reducir tiempos, evitar reprocesos y mejorar la calidad de las decisiones. Sin esa traducción operativa, la interoperabilidad queda limitada a un avance técnico sin impacto tangible.

El dato como condición operativa
El dato, en este escenario, también cambia de rol.
En un contexto de presión financiera creciente, mayor exigencia regulatoria y necesidad de trazabilidad, deja de ser solo un activo estratégico para convertirse en una condición operativa. Ya no alcanza con disponer de información; es necesario que esté estructurada, conectada y disponible en el momento en que se toman decisiones.
En nuestra experiencia, este es uno de los puntos donde todavía existe mayor brecha entre la disponibilidad de datos y la capacidad real de utilizarlos de forma consistente dentro de la operación.
Latinoamérica: entre la oportunidad y el riesgo
Para América Latina, este cambio de etapa plantea un desafío particular.
La región ha avanzado en digitalización, pero aún presenta limitaciones en integración, gobernanza del dato y capacidad de ejecución a escala. Esto genera una doble oportunidad: aprender de experiencias más avanzadas y, al mismo tiempo, evitar replicar modelos que no responden a la realidad operativa local.
En este contexto, el principal riesgo no es quedarse atrás, sino incorporar tecnología sin resolver previamente los problemas operativos de base, lo que termina diluyendo su impacto.

De digitalizar a gestionar
La transformación digital de las aseguradoras de salud requiere algo más que la incorporación de herramientas tecnológicas aislaSi hay una idea que resume lo observado en HIMSS 2026 es que el sector está dejando atrás la etapa de digitalización para entrar en una etapa de gestión.
El foco ya no está en implementar herramientas, sino en diseñar operaciones que puedan sostener decisiones complejas de manera consistente. Desde Conexia, este enfoque se traduce en trabajar sobre la integración de procesos críticos dentro de un mismo flujo operativo, donde la información no quede aislada, sino que acompañe la decisión en tiempo real.

Lo que viene
Hay una tendencia hacia modelos de contratación alineados a valor. Esto implica migrar progresivamente de esquemas fee-for-service hacia modelos que desacoplen ingresos de la complejidad codificada (bundled payments, capitación ajustada por riesgo, etc.). Esto reduce directamente el incentivo económico a la sobreprestacion, sobrecodificacion (upcoding) y sobrefacturación.
De cara a lo que viene, la ventaja competitiva no estará en quién incorpore más tecnología, sino en quién logre integrarla con coherencia dentro de su operación.
En ese punto se empieza a definir no solo la eficiencia, sino también el control del gasto, la capacidad de anticipación y, en última instancia, la sostenibilidad del sistema.