La inteligencia artificial (IA) en salud despierta enormes expectativas. Se la asocia con diagnósticos más precisos, procesos más eficientes, reducción de costos y una mejora sustancial en la calidad asistencial. En gran medida, ese potencial es real.
“En el sector salud, hay una creciente expectativa sobre cómo la IA puede transformar la gestión sanitaria, mejorar diagnósticos, optimizar recursos y, en definitiva, elevar la calidad asistencial”, señala sostiene Sandra Escobar Espinosa, Healthcare Lead de Conexia
Sin embargo, cuando la conversación avanza del plano conceptual al momento concreto de financiar un proyecto, aparecen dos preguntas inevitables —y absolutamente razonables— por parte de decisores y financiadores:
- ¿Cuál será el impacto medible?
- ¿Qué ahorro concreto generará?
“La realidad es que, muchas veces, no se cuenta con toda la información para comprometerse con resultados específicos desde el inicio”, advierte la Dra. Escobar Espinosa.
La calidad de los datos, la madurez digital, la integración con los sistemas existentes o incluso la adopción por parte de los equipos clínicos son variables que introducen incertidumbre.
Y esa incertidumbre, lejos de ser un detalle menor, suele frenar decisiones estratégicas clave.

Empezar pequeño para pensar en grande
Frente a este escenario, hay una respuesta clara y efectiva: comenzar con un proyecto piloto.
Como sostiene la Healthcare Lead de Conexia, la inteligencia artificial en salud promete mucho… pero los resultados reales comienzan con pequeños pasos.
En efecto, los proyectos exitosos de IA en salud rara vez nacen de grandes promesas o implementaciones masivas. Por el contrario, suelen apoyarse en procesos de experimentación estructurada, que permiten aprender rápido, minimizar riesgos y construir evidencia concreta de valor.
Un proyecto piloto bien diseñado permite:
- Validar hipótesis con datos reales, en lugar de supuestos teóricos.
- Ajustar los algoritmos al contexto clínico específico, entendiendo flujos de trabajo, variabilidad y particularidades locales.
- Medir impacto en un entorno controlado, ya sea en términos de ahorro, eficiencia operativa, calidad de atención o resultados clínicos.
- Involucrar a los equipos asistenciales desde el primer momento, generando adopción, confianza y feedback temprano.
Más allá del modelo: integración, contexto y confianza
“Como Healthcare Data Scientist, creo firmemente que el valor de la IA no está solo en el modelo predictivo, sino en cómo se integra, se adapta y genera confianza en el sistema de salud”, explica Escobar Espinosa.
Un algoritmo técnicamente brillante pierde impacto si no se integra correctamente en los procesos, si no dialoga con los sistemas existentes o si no genera confianza en quienes deben usarlo.
La IA en salud no es sólo tecnología: es cambio organizacional, gestión del dato y trabajo interdisciplinario.
Por eso, un buen proyecto piloto no debe entenderse como una simple prueba técnica, sino como una herramienta estratégica para tomar decisiones informadas, escalar con seguridad y demostrar valor real.
“Estoy trabajando para impulsar iniciativas de IA que comiencen con foco, datos y resultados reales”, señala la Healthcare Lead de Conexia.

El proyecto piloto como decisión informada
Un proyecto piloto bien ejecutado permite tomar decisiones basadas en evidencia: qué escalar, qué ajustar y qué descartar.
Además, reduce el riesgo de inversiones mayores, facilita la alineación entre áreas clínicas, técnicas y de negocio, y demuestra —con resultados concretos— dónde está el valor real.
Hoy estoy trabajando para impulsar iniciativas de IA en salud que comiencen con foco, datos de calidad y objetivos medibles. Proyectos que no prometan soluciones mágicas, sino impacto real y sostenible.
Porque en salud, transformar ideas en resultados no es cuestión de acelerar sin rumbo, sino de avanzar con método, evidencia y propósito.
¿Conversamos sobre cómo llevar la inteligencia artificial del concepto al impacto medible?